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Por qué nos cuesta tanto trabajar en base a objetivos: Diversidad neurocognitiva

Actualizado: jun 27

Prácticamente todas las organizaciones del mundo, privadas y públicas, trabajan en base a objetivos y cuando logran hacerlo en forma efectiva, aumentan su efectividad y eficiencia para lograr lo que se proponen. Lamentablemente, muchísimas personas fallamos en algún aspecto del trabajo en base a objetivos.


Podrás preguntarte por qué nos cuesta tanto ser efectivos en el trabajo con objetivos. O, quizás a ti te sale fácil y no entiendes por qué a los demás les es tan difícil. Si lees esta nota podrás comprender mejor por qué es tan difícil trabajar en base a objetivos en forma efectiva. Además, esto potenciará tu capacidad para empatizar e interactuar en forma más efectiva con personas que no tengan la misma facilidad o dificultad que tu al trabajar en base a objetivos.


Trabajo en base a objetivos y las funciones ejecutivas del cerebro


La capacidad para trabajar en base a objetivos en forma efectiva depende del desarrollo de las “Funciones Ejecutivas” del cerebro, principalmente vinculadas con la activación del área cerebral ubicada justo detrás de nuestra frente, llamada Corteza Prefrontal (o PFC en inglés).

Las funciones ejecutivas son una serie de habilidades mentales que vamos desarrollando a lo largo de la vida y que nos permiten jugar mentalmente con ideas, regular nuestras emociones, tomarnos el tiempo para pensar antes de actuar, resolver desafíos novedosos e imprevistos, resistir las tentaciones, y mantenernos concentrados.


Estas habilidades ejecutivas también son las que usamos para salir del “piloto automático” y auto-observarnos, y también para razonar, pensar críticamente, resolver problemas y establecer planes de acción futura. Por eso son fundamentales para aprender de la experiencia e imaginar el futuro que queremos crear. Esto es especialmente necesario para transitar con efectividad los cambios caóticos de nuestro mundo actual, caracterizado por ser queBradizo, Ansiógeno, No-lineal e Incomprensible (o “BANI” por sus siglas en inglés), donde nuestro piloto automático mental e intuición suelen ser un recurso insuficiente.


Si bien existen distintas clasificaciones, en líneas generales, podemos hablar de 3 grandes grupos de habilidades ejecutivas centrales: El Control inhibitorio (nuestra capacidad para controlar nuestros impulsos, pensamientos y la atención), la Memoria de trabajo (nuestra capacidad para contener múltiples ideas en mente, en un momento dado; es decir, nuestra "memoria RAM") y la Flexibilidad cognitiva (nuestra capacidad para considerar situaciones desde diferentes perspectivas, incluida la habilidad para pensar creativamente "fuera de la caja", y adaptarnos de forma rápida y flexible a las circunstancias cambiantes). Para darte más granularidad en este tema, a continuación te presentamos el listado de 11 funciones ejecutivas que usamos en Hi para informar y guiar nuestros procesos de coaching de líderes y equipos directivos:

Como puedes notar aquí, trabajar en base a objetivos se vincula con la activación de todas las funciones ejecutivas del cerebro en grados variables y en distintos momentos. La Memoria de trabajo y la Priorización y planificación son clave al momento de pensar tus objetivos y cómo lograrlos. Luego, requerimos la habilidad de Iniciación de tareas, Atención sostenida y Conducta guiada por objetivos para ejecutar nuestro plan de acción en forma efectiva. Cuando a eso le sumamos múltiples objetivos o la coordinación de variadas acciones, entonces también se vuelve vital la Organización y manejo del tiempo. Tal es la complejidad cerebral de trabajar en base a objetivos.


Diversidad neurocognitiva y empatía

Todas las personas adultas con un cerebro saludable tendemos a tener unas habilidades ejecutivas más desarrolladas que otras. Esto explica por qué gestionamos algunas tareas y responsabilidades mucho mejor que otras, a partir de nuestro perfil de fortalezas y vulnerabilidades neurocognitivas.


Esta diversidad a nivel cerebral a veces es tan marcada que dificulta enormemente a las personas empatizar y trabajar juntas en forma efectiva. Esto se da en particular cuando la fortaleza de una es la debilidad de la otra. Por ejemplo, a una persona con elevada capacidad de organización y manejo del tiempo, seguramente le resulten incomprensibles los olvidos de otra persona que no tenga desarrollada esa capacidad y concluya, erróneamente, que la otra persona no sigue los procesos con la misma efectividad porque es vaga, irresponsable o porque no está realmente comprometida. Asimismo, una persona con elevada conducta guiada por objetivos puede ser percibida por una persona con elevada flexibilidad como rígida o terca, cuando, en realidad lo que sucede es que el cerebro de la primera está entrenado en persistir hasta lograr su meta, mientras que el de la segunda está entrenado en cambiar y adaptarse.


Este tipo de diversidad surge del hecho de que nuestro cerebro, en particular sus redes o circuitos de conexiones neuronales, se van modificando con nuestras experiencias a lo largo de toda la vida. Es por esto que si bien a nivel macrobiológico todos los cerebros humanos se asemejan, (por ejemplo, todas las personas contamos con 5 lóbulos, 2 hemisferios, la corteza prefrontal, etc.), a nivel microbiológico no existe un cerebro igual a otro.


Desde ya, dada la capacidad continua de aprendizaje en nuestro cerebro, todos podemos invertir nuestro tiempo y energía en continuar desarrollando nuestras habilidades ejecutivas. Existen múltiples prácticas y estrategias efectivas para hacer eso. Por ejemplo, podemos enfocarnos en continuar desarrollando nuestras habilidades más fuertes a través de alguna capacitación o con un proceso de coaching. También, podemos modificar aspectos de nuestro entorno laboral (los famosos "nudges" o empujoncitos de la economía del comportamiento) como estrategia compensatoria de nuestras habilidades ejecutivas menos desarrolladas. Por ejemplo, usando alarmas de calendario para compensar baja capacidad de organización.


Trabajo en base a objetivos bajo estrés


Activar las funciones ejecutivas de nuestro cerebro requiere un grado de esfuerzo difícil de sostener en el tiempo, en especial si son vulnerabilidades para nosotros. Por eso debemos aprender a priorizar cuándo usar esas capacidades. De hecho, si abusamos de este recurso intentando planificar toda nuestra vida, el agotamiento mental que eso trae nos hace más vulnerables a ceder a la tentación de nuestros impulsos que a resistirla, y a reactivar el piloto automático en vez de pensar qué hacer a continuación. Este fenómeno, cuya explicación aún debaten los neurocientíficos, se conoce como Agotamiento del Ego, y da cuenta de cómo terminamos haciendo lo que solemos hacer en lugar de sostener los cambios necesarios para lograr nuestros objetivos.


Cuanto más estresados estamos mayor es el impulso de nuestro cerebro a funcionar en piloto automático para regenerar y ahorrar energía mental. Esta es una de las razones por las que el estrés crónico reduce nuestro desempeño efectivo. En síntesis, trabajar en base a objetivos en forma efectiva requiere aprender a hacer un uso estratégico de costosas habilidades cerebrales.


Trabajo en base a objetivos y el cerebro social


Otro factor cerebral que dificulta el trabajo en base a objetivos tiene que ver con el aspecto social y de supervivencia de nuestro cerebro. Como humanos sobrevivimos en la sabana porque contamos con un cerebro que nos empuja a buscar pertenencia e inclusión en nuestra "tribu", grupo o comunidad. Tal es así que cuando nos sentimos solos, se activa en nuestro cerebro el mismo circuito cerebral que se activa cuando sentimos dolor. Esto puede parecer exagerado, pero en ese contexto, separarse del grupo o ser expulsado significaba una muerte segura. Nuestro cerebro no cambió mucho desde aquellos tiempos.


Entonces, la actitud que tenemos hacia el riesgo asociado a nuestros objetivos, así como las consecuencias sociales que anticipamos de fallar en cumplir con nuestros objetivos, afectan enormemente el desempeño de nuestras funciones ejecutivas. Tal como se resume en el modelo CAERE de resistencia al cambio (o SCARF en inglés), nuestro cerebro interpreta como amenazas mortales a cualquier situación que impacte negativamente en nuestras Certezas, Autonomía, Estatus, Relaciones y sentido de Equidad. Cuando eso sucede, nuestro cerebro activa el modo de supervivencia y ahorro de energía en piloto automático. Así, perdemos acceso a nuestras funciones ejecutivas (por su elevado costo energético) y nos transformamos momentáneamente en animales controlados por impulsos básicos, extremistas, egoístas y cortoplacistas.


Esta sensibilidad social de nuestro cerebro y nuestra capacidad para trabajar en base a objetivos en forma efectiva se ven ampliamente impactadas, además, por la cultura y clima de trabajo. Los objetivos bien planteados y monitoreados en forma efectiva generan un alto grado de transparencia respecto a nuestro desempeño. Por lo tanto, pueden percibirse como una práctica altamente amenazante en contextos intolerantes al error, excesivamente competitivos y sin Seguridad Psicológica. Un ejemplo de esto es cuando no percibimos a nuestro equipo como un ámbito seguro para correr riesgos sin que se nos catalogue como “incompetentes” o “fracasados” si las cosas no suceden como anticipamos, y más aún cuando percibimos que nuestra estabilidad laboral está en juego. Por esta razón, no importa qué tan bien entrenados estemos en el planteo efectivo de objetivos, ni importa qué método utilicemos, si no contamos con líderes que sepan construir y reforzar una cultura de seguridad psicológica y que inspiren a las personas a superarse a sí mismas.


En síntesis, en esta nota te mostramos que trabajar en base a objetivos requiere el uso estratégico de múltiples habilidades cerebrales. También, seguramente confirmaste tu sospecha de que no todas las personas contamos con las mismas habilidades cerebrales para trabajar por objetivos y que esto a veces nos dificulta empatizar y trabajar con otros en forma efectiva. Por último, descubriste que estas habilidades se agotan con facilidad y son impactadas por el estrés, el clima de trabajo y la cultura organizacional, llegando incluso a activar en nuestro cerebro al circuito del dolor físico.


Llamado a la acción


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Ignacio Etchebarne

Socio fundador y co-director

Hi Human Intelligence

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